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¿Puede el conocimiento de un hecho ser suficiente para incitarnos a buscar una solución a los problemas sociales? No sé si en la actualidad se esgrima que, o bien no se conocen estos hechos, o bien no son suficientes como para buscar alternativas reales a situaciones reales. La asunción que hay de la responsabilidad de nuestros propios actos trashuma a nuestros días en una volición total, esto es, se nos atribuye un absoluto dominio de nuestros actos ignorando que, la misma volición, no es sino una auto-coerción que no responde a ésta misma. Obvia conclusión, pues, que la volición no es volitiva. Pero de ello no deseo hablar mucho. Supóngase usted que camino al trabajo le roban la billetera. Desafortunadamente, la policía detiene a quien le ha robado la billetera y lo proceden legalmente. El individuo pasa entonces del ser-libre al ser-recluso. Esta solución de tipo imaginario carrolleano algunos le llaman “restauración de los daños” (y raramente restaura los daños causados). Si atajamos el discurso pronto llegamos a cuestionarnos: ¿Deberíamos seguir practicando el encarcelamiento sabiendo ahora que sus resultados son pírricos?
“El individuo pasa entonces del ser-libre
al ser-recluso. Esta solución de tipo imaginario carrolleano algunos le llaman
“restauración de los daños” (y raramente restaura los daños causados)…”
Quizá la cárcel debería ser abolida, mas
no por esta petición a dialogarlo se vaya a pensar que esto es una apología a
la desobediencia o al crimen. Está muy lejos de ello. Sin embargo, las
consideraciones para abolir la prisión son bastas. Para empezar, entérese
primero de la obviedad: La cárcel no es
ningún parque de diversiones. Ésta es la forma de deshumanización por
excelencia cuyo mote es “Justicia es ajusticiar”. Se desplaza en una sociedad
como una entidad honesta que vela por lo justo, pero es en realidad una demanda
hipócrita. Dicho por otros modos, la cárcel priva de humanidad cuando priva de
libertad, porque la cárcel fue constituida como una vía para apaciguar la ira
del ofendido.
Photo: Pixabay
En inglés hay una expresión un tanto
cómica y un tanto reveladora: Don’t do
the crime if you can’t do the time. Esta es casi tan devastadora como la
expresión española “Si te llevas, te aguantas”, usada para prerrogarnos de
hacer crímenes contra aquellos que han cometido uno, sin que a los nuestros se
les llame como tales. Así, la justicia de estas sociedades no es sino la proxy
que asesta contra aquellos que han cometido los crímenes, una máquina de
“lavado de manos” donde, sabiendo las
implicaciones del encarcelamiento, dejamos que torturen y lastimen a alguien
que nos hizo daño. Aprobamos este tipo de salvajismo porque aún se entiende
la justicia como “restauradora” o “reparadora”. La justicia, pues, debe entrar
a un estrato de autoconsciencia de sus límites y de su propio significado,
donde no se encuentre al encarcelamiento como un instrumento para aplicar
justica.
Preguntas:
¿Qué entiendes por justicia?
¿Qué crees que el autor entiende por justicia? ¿Coindices con el concepto de
justicia que el autor tiene?
Bajo el supuesto que el autor tuviese
razón, ¿qué herramienta usaría la justicia en vez del encarcelamiento?
¿Qué tipo de razón da la justicia para avalar la violencia? ¿Existe algo a lo que le podamos llamar “violencia justificada” sin que esto no contradiga ninguno de los conceptos?

La prisión como proxy by Pablo Ignacio Hernández González is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

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